Relato nº 18

A los pies de Mi Dueña by ChrisMeier

 

Somos una pareja joven bastante normal a los ojos de los demás, lo que pocos saben es que mi chica me domina.

Hace muy poco que nos hemos ido a vivir juntos y aunque en un principio nos relacionábamos en términos de igualdad, ella ha ejercido un control sobre mi cada vez más fuerte. «Mi Ama» cómo me ordenó llamarle, ejerce un evidente control sobre mí en el día a día y cada vez me tiene más y más a sus pies.

Ya es de mañana, suena la alarma y cómo de costumbre me fuí directo a la cocina a hacerle el desayuno. Cuando lo tuvé todo listo en la bandeja volví al dormitorio para dárselo en la cama. Besé sus pies delicadamente para despertarla y refunfuñó antes de sentarse al borde y mirarme con su hermosa sonrisa.

-Buenos días Perro- Dijo mientras le daba la bandeja, y de rodillas besé sus pies en señal de respeto

-Buenos días Ama- le respondí con devoción.

Tenía los pies sudados, hacía calor y el olor era algo fuerte, pero entre su finura de reina y mi enamoramiento… Vamos, que no tengo permitido quejarme.

Acto seguido me puse a su lado para desayunar con ella, eso sí, en mi propio tazón de perro a sus pies. Ella tiene cómo costumbre pisar mi comida y escupirla, y, esta mañana, no fué la excepción. Pisoteó mi comida sin piedad y escupió en ella sin importarle mi cara de desagrado.

-Es cómo los perros deben comer- Me dijo con una sonrisa.

Cuando terminamos de desayunar me llevé la bandeja a la cocina, dónde, como siempre, me toca lavar los platos. Ella no tiene que mover ni un solo dedo mientras yo esté aquí para servirle.

Nada más terminar mi tarea, volví a la habitación. Ella se estaba vistiendo. Tengo que decir que verla vestirse siempre ha sido un espectáculo, es perfecta, es mi dueña y me tiene completamente a sus pies, sobra hasta decirlo. Estaba embobado, viéndola, cuándo me cogió de la barbilla despertándome de mi trance.

-¿Que tanto miras, basura?- dijo haciendo que bajase la cabeza ante su mirada de enfado. *- ¡Al baño que nos tenemos que ir!*

-Si, Mi Ama. – Francamente me encanta cuando me habla así. Es mi deber bañarla, secarla y cómo premio a veces me escupe en la boca.

Nos vestimos y, antes de irnos, me mira y me dice que necesita usar el baño. Me hace
acompañarla como siempre, pero, esta vez, mientras lo hacía me dijo algo que me heló la sangre.

-Prepárate, algún día no muy lejano serás mi váter personal, te usaré cómo inodoro, sólo comerás lo que sale de mi cuerpo jajajaja – Me dijo entre carcajadas. Sentí escalofríos.

La ayudé a limpiarse, y por fin, nos fuimos. La dejé en su trabajo y yo me fuí a mi oficina.

El día en mi oficina transcurrió con normalidad, aunque incluso allí me cuesta no pensar en mi dueña.

Llegó la hora de salida, es mi deber recogerla y llevarla a casa. Llegamos y, nada más pasar por la puerta, me dijo:

-Bueno, guapo, quiero que me limpies la cocina, el baño y el váter, lo quiero todo reluciente – Siguió en tono autoritario

– después me pones una lavadora, que necesito ropita. Y cuando acabes todo, te vienes al sofá que ya sabes lo que te toca toda la tarde. Por cierto, que pena que trabajes tanto, ya no puedes adelantar tus tareas domésticas por la mañana jajajaja- Esto último me lo dijo con esa mirada que me enloquece. Antes de marcharse se acercó a medio palmo de mi cara y me ordenó abrir la boca. Por supuesto, obedecí.

Primero sentí sus labios rozando los míos y acto seguido escupió en mi boca.

-Trágatelo- me dijo y PLAS! una bofetada -Ya luego podrás ser mi escupidera, ahora vete a hacer tus deberes cómo te ordene, no tengo todo el día. VAMOS -Me fui corriendo a hacer lo que me dijo, no quería hacerla enfadar.

-Cuando acabes, te vienes al salón como te he ordenado, gusano- fue lo último que oí antes de irme a cumplir sus deseos.

Limpiar es un coñazo, aunque me gusta obedecerla. Todo transcurrió con normalidad lo único peculiar, quizás, es que tenía que caminar descalzo. Lo hago por obligación. Mi Ama dice que, así, estaba más humilde y que me viene bien para rebajar mi orgullo. Ella lleva chanclas o va descalza, lo que le de la gana. Yo, en cambio, no puedo elegir; Claro, que a ella le tenía las plantas de los pies más relucientes que los brillos del oro… gracias a mi lengua.

Casi dos horas después, al fin concluí mis labores. Me lavé las manos en el baño, que había quedado reluciente, por cierto, y me fui con Mi Diosa al salón.

-Aquí tienes tu premio- -Me dijo estirando su pie. -Lame la suela, que quede reluciente

-Si, Mi Ama- respondí

Estuve un largo rato lamiendo hasta que consideró que las suelas de sus zapatos estuvieran lo suficientemente limpias

-Quítamelos-

Y con cuidado retiré sus zapatillas.

El olor de sus pies después de trabajar todo el día era una verdadera tortura, aunque me encanta que le huelan tanto.

Se río de mi al ver mi expresión por el olor de sus pies y me ordenó ponerme más cerca.

-Acércate, huélelos bien, son los pies de tu Ama- Puse la nariz entre los dedos y ella los
contrajo y me rodeó con ellos la nariz

-huele bien, perro, es para lo único que sirves- Y PLAS! otra bofetada, ahora con los pies, luego otra y otra y otra…

Mi cara iba de lado a lado, sus pies me estaban dejando la cara pero bien. No sé que era más humillante, ella riéndose de mí o el darme cuenta de mí situación; humillado, recibiendo la tunda, sin poder hacer nada para pararla, mi orgullo por el suelo… Hasta que luego de unos minutos que me parecieron eternos finalmente se detuvo.

-Al suelo, basura, boca arriba- dijo. Eso hice, vi su pie que venía hacía mi cara, y los puso sobre ella como si fuera un simple reposapiés -Ahora calladito felpudo que ya empieza mi serie

La sensación de sus pies en mi cara es indescriptible, no sé en que momento me convertí en su alfombra personal pero la verdad es que me encanta.

A pesar de mi gozo ya me empezaba a doler la cara por el peso de sus pies, hasta que luego de unos minutos que parecieron horas los quitó de mi cara, sólo para ordenarme.

-Saca la lengua-

Y empezó a pasar sus pies por mi boca, del mismo modo en que lo haría en una alfombra, del talón hasta sus deditos, una y otra vez los restregaba por mi lengua.

La sensacion era espectacular. Me notaba sumiso, enamorado, tan excitado como vivo.

Para mí, en ese momento, ella brillaba, y yo tenía la inmensa fortuna de estar ahí abajo, adorándola. Su sabor me hacía prisionero, su olor me hipnotizaba y yo sentía que perdía la poca voluntad que me quedaba a sus pies y, aunque hubiese querido, no hubiera podido hacer nada para evitarlo…

-Ya me cansé de limpiar mis pies con tu lengua, vente arriba al sofá, que ahora, serás mi asiento- Y acto seguido se sentó sobre mi cara

El resto de la noche apenas y pude respirar con todo su peso sobre mí. Me encantaba estar así, siendo su silla. De vez en cuando cambiaba de posición y me permitía respirar, otras sentía que iba a morir dentro de su culo.

Fue una gran noche en la cuál, una vez más, fuí el juguete de Mi Ama. En ocasiones, mientras estaba sentada en mi cara, jugaba con mi polla. Era tan placentero y frustrante a la vez…

-Tranquilo cariño, ya encontraremos una jaula para ti, no volverás a correrte sin mi permiso, Tú polla me pertenece, TÚ ME PERTENECES- Dijo con la convicción de quién sabe que ha ganado la partida, y en este caso, a mi…

Y ¿saben que? Tiene razón, vivo por ella y no hay nada que me llene más que complacerla, mi vida le pertenece a ella, Mi Ama, Mi Dueña.

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