Relato nº 2

Orgullo

by Anyell 

Sonreí complacida cuando, por fin, terminé de hacer el nudo, inmovilizando completamente sus brazos a su espalda con las cuerdas para que no pudiera moverse.
-Me ha sido muy difícil atarte, cachorrita. Eres muy rebelde. – Comenté mientras dejaba caer su cuerpo sobre el suelo para demostrarle que no debía resistirse, por mucho que a ambas nos gustara.
Escuché cómo intentó hablar, pero la mordaza en forma de hueso que llevaba colocada la impedía vocalizar.
-No intentes decir nada. No voy a entenderte. Si quieres algo, ladra. – Añadí mientras me levantaba.
Sin embargo, en vez de aquello, la escuché gruñir. Resoplé antes de pasar mi mirada por la habitación. Ignoré la figura de mi cachorro que se encontraba esperando a que le diera alguna orden y continué hasta ver los juguetes que había dejado sobre la mesa.
-Cachorro, ponle algo debajo del pecho para que esté horizontal al suelo y no uses tu propio cuerpo. – Le mandé a la vez que comenzaba a caminar.
Una vez me encontré a la altura del mueble, cogí el arnés sobre él y me lo puse antes de mirar hacia la cachorrita. Mi sumiso le había colocado un pequeño taburete y una almohada para que estuviera cómoda, simulando como si estuviera a cuatro patas cuando, en realidad, sus brazos se encontraban perfectamente inmovilizados a la espalda. Agarré otro juguete más antes de clavar mi mirada en mi sumiso.
-A tu esquina. – Le ordené.
-Sí, Ama. –
-Bien, cachorrita. ¿Recuerdas tu palabra de seguridad? – Le pregunté mientras me acercaba.
La escuché gruñir y sonreí complacida ante su reacción.
-Como tienes la mordaza, si algo no te gusta o no quieres hacerlo, patea el suelo. He dejado tus piernas libres para eso. – Expliqué. -Pero tengo la esperanza de que disfrutes mucho de esto. –
Jugueteé con la cola de zorro que acababa de coger y lo unté en lubricante. Obviamente, la cachorrita escuchó cómo apretaba el bote y se pudo imaginar lo que venía a continuación, por lo que empezó a retorcerse en su sitio. Una vez lubriqué el plug, sujeté sus brazos inmovilizados para que dejara de moverse.
-Como sigas así, te voy a hacer daño. – Le reñí.
Como no paró ante mi frase, decidí golpear su trasero con fuerza y, por fin, al notarlo, detuvo su reproche. Resoplé antes de volver a mirar la cola. Puede que fuera de zorro en realidad, pero pegaba perfectamente para ser de perra, una colita de perro peluda.
-Piernas bien abiertas. – Ordené mientras se las movía con las mías para corregir su postura.
Y por fin, comencé a introducir el plug en su trasero. Observé complacida al ver cómo se estremecía al sentir el frío acero untado en lubricante.
-Has visto que bien te queda la cola. ¿Por qué no ladras para mí? – Pregunté sonriendo mientras acariciaba el dildo colocado en mi arnés.
Supe que negó con la cabeza.
-¿No quieres ladrar? – Comenté. -Está bien… En ese caso, tendré que complacerme de otra manera… usando tu cuerpo. –
Fue entonces cuando introduje el dildo en el cuerpo de la cachorrita y, de nuevo, la vi estremecerse en el sitio. Comencé a mover mis caderas lentamente para que lo sintiera dentro suya.
-Ladra. – Añadí una vez me detuve.
Sin embargo, ella negó con la cabeza muy convencida. No pude estar más complacida porque me diera tanto juego. Tenía la excusa perfecta para hacer lo que quisiera.
-Cachorro, ven aquí. – Ordené a mi sumiso mientras sacaba el dildo del cuerpo de la chica.
-¿Necesita algo, mi Ama? – Preguntó mientras se acercaba.
Observé su cuerpo con cuidado.
-Ya veo que te excita ver cómo me aprovecho de una cachorrita. – Dije sonriendo mirando su erección.
Inmediatamente, bajó su cabeza avergonzado sin saber qué contestar. Aprovechando su gesto, tiré de su pelo y lo coloqué frente a la muchacha, de rodillas.
-La cachorrita no quiere ladrar, así que habrá que mantener su boca ocupada, ¿no crees? – Añadí una vez lo solté.
-Pero, Ama… –
-¿Sucede algo? – Pregunté mientras pasaba mis manos por su cuerpo desnudo.
Tardó unos segundos en pensarlo, pero, finalmente, respondió correctamente:
-No. Mi cuerpo es suyo y puede hacer lo que quiera con él, mi Ama. –
Sonreí antes de clavar mi mirada en la chica que parecía querer decir algo pero no era capaz de vocalizar. Le quité la mordaza y la tiré a un lado.
-¿Algo que quieras decir? – Pregunté con seriedad.
Ella esbozó una enorme sonrisa divertida antes de decir:
-No pienso ladrar, señora. No lo conseguirás. –
-Ya contaba con ello. Abre la boca. – Contesté mientras metía mis dedos en su interior hasta tocar su garganta.
Inmediatamente, los saqué y me acerqué a su retaguardia de nuevo, ignorando sus quejas y gruñidos. Allí tiré fuerte de su pelo para que alzara la cabeza.
-Cachorro, mete tu miembro en su boca. – Ordené. -Que sepas, cachorrita, que si haces el más mínimo daño a su pene, serás castigada. –
-Ya está, mi Ama. – Respondió mi sumiso evitando demostrarme que le había sido placentero.
Sonreí antes de introducir, de nuevo, el dildo de mi arnés en el interior de la chica. Noté cómo su cuerpo había querido estremecerse, pero no pudo moverse ni un poco por cómo la estaba sujetando. Fue entonces cuando empecé a embestirla, al principio lento pero aumentando el ritmo según pasaba el tiempo. De esta manera, la joven estaba inmovilizada, con una cola de zorra introducido en su caliente trasero y siendo penetrada a mi gusto. Escuché cómo gemía de placer y humillación a su vez.
-Mi cachorro no tiene permiso para correrse, pero tú podrías tenerlo si quisieras. – Expliqué mientras continuaba embistiéndola con fuerza y sentía sus piernas temblar. -Solo tienes que ladrar. –
Obviamente, debía de resultar muy humillante para ella el hecho de tener que ladrar siendo penetrada, teniendo un miembro en su boca al que debía dar placer.
-Si quieres correrte ladra, sino pararé y te irás a casa. – Amenacé disminuyendo ligeramente el ritmo.
Sentí que tensó su cuerpo. Se debía de encontrar con la espada contra la pared. Por suerte para mí, la cachorrita por fin dejó de lado su orgullo y, con tal de recibir el placer que tanto deseaba, intentó ladrar. Obviamente, fue incapaz de hacerlo correctamente, pero me sentí muy complacida con ella.
-Buena chica. – Dije antes de aumentar el ritmo de mis embestidas. -Tienes permiso para correrte. –

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