RELATO nº 5

Experiencia voyeur

by Anyell 

Observé cómo me abría la puerta con su mano libre antes de hacer un gesto para que pasara primero.
-Gracias por su caballerosidad. – Añadí antes de entrar en la habitación mientras me fijaba, de nuevo, en la correa que llevaba en la mano.
-Siempre es un placer para una bella dama. – Contestó a la vez que su cachorrita, todavía vestida, comenzaba a gatear hacia el interior de la sala.
Inmediatamente, él tiró con brusquedad de la correa y la hizo retroceder.
-No puedes entrar antes que yo, perra. Las mascotas siempre detrás de sus Dueños. – Le riñó tirando de nuevo de la correa para ahogarla brevemente y supiera que la estaba echando la bronca.
Luego, me miró a mí con una expresión ligeramente avergonzada, pero sin perder su lado dominante.
-Lamento mucho su indiscreción. Prefería que no viera algo como esto. –
A pesar de que aquella forma de tratarla me parecía ligeramente brusca, seguramente debido a que estaba acostumbrado a que sus sumisas fueran más débiles que él y pudiera usar su fuerza para someterlas, me parecía excitante el hecho de que pudiera aprovechar aquella superioridad física contra ellas y, en parte, lo envidiaba a pesar de que yo no lo necesitara para dominar. Sonreí y ladeé un poco la cabeza para que no supiera en qué estaba pensando exactamente.
-No se preocupe. Los perros están para ser educados. – Respondí antes de ver cómo entraba tirando de la correa para que su cachorrita la siguiera.
Inmediatamente después, cerró la puerta y la ató en el pomo antes de girarse hacia la habitación. Comenzó a caminar en busca de una silla que, seguidamente, colocó tras de mí.
-Así que es la primera vez que haces algo así. – Dijo para darme conversación y disminuir la tensión que se había creado en el ambiente.
Me senté en la silla antes de verle dirigirse de nuevo hacia su sumisa.
-Sí pero siempre quise ver una sesión. Me parecía una idea excitante y quería probarlo. – Añadí a la vez que él desataba la correa de su cachorrita y la hacía caminar a cuatro hasta el centro de la sala, lugar donde podía verla a la perfección.
– ¿Sabes? El hecho de que sea voyeur solo me dice que es usted más pervertida de lo que pensaba. –
-Gracias por el halago. – Contesté mientras me cruzaba de piernas sobre el asiento.
Entonces, quitó la correa del collar de la chica y le hizo un gesto con la mano para que se pusiera de pie. Ella obedeció con su mirada clavada en el suelo. No pude evitar sonreír al saber que estaba nerviosa y sentía vergüenza por mi presencia.
-Comencemos pues. – Dijo él agarrando la camisa de la chica y quitándosela con un solo movimiento.
Ella, avergonzada, tapó sus senos inconscientemente antes de que su Dueño le bajara los pantalones y la ropa interior. La joven dio un paso hacia delante para quitar las perneras que rodeaban sus tobillos y quedar completamente desnuda. Fue entonces cuando él sonrió al darse cuenta de que se estaba tapando. Tiró de su pelo y la hizo colocarse de rodillas frente a mí.
-No te tapes, perra. Tenemos que darle un buen show a nuestra invitada. – Le dijo al oído, desde su espalda, a la vez que le hacía abrir sus piernas para que pudiera ver todo su cuerpo.
Inmediatamente después, usó su mano libre para masajear uno de sus senos. Luego, lo pellizcó, apretó y tiró de él mientras podía observar desde mi posición las expresiones de placer y dolor que sentía la chica. Golpeó el sexo de la chica un par de veces antes de acariciarlo e introducir ligeramente sus dedos en su interior.
– ¿Ves como te gusta que te miren? – Añadió al sentir su humedad y haciéndomelo saber a mí.
Comenzó a masturbarla lentamente mientras inundaba su cuello de besos y mordiscos. Supuse que, en aquel momento, él debía de estar tan excitado o más de lo que yo me encontraba solo mirando la escena, pero el cuerpo de la chica me impedía verlo. Sin embargo, el único gesto que me permití tener fue el de morderme el labio para contener mis ganas de participar. El chico debió de darse cuenta porque, inmediatamente después, sacó su mano del interior de su sumisa y la empujó con su cuerpo para que cayera hacia delante y se tuviera que poner a cuatro. Aún así, mantuvo su agarre sobre su pelo, lo que la obligó a alzar la cabeza hacia mí. Debo mencionar que los labios de ella se encontraban peligrosamente cerca de mis botas, lo cuál me sugirió lo que él iba a decir:¿No le gustaría ver cómo lame sus pies, completamente sometida ante usted? –
Su sonrisa no podía ser más amplia y se podía ver cómo frotaba disimuladamente su miembro contra el trasero de la chica, deseando penetrarla.
-Agradezco mucho la oferta, pero solo he venido a mirar. – Me negué después de enfriar mis pensamientos.
Por muchas ganas que yo tuviera de hacer algo, tenía claro que no había ido con esa intención y tampoco había recibido el permiso de la chica para que yo pudiera hacer algo con ella. Siendo tan estricta como soy con esas cosas, sin su consentimiento expreso fuera de un contexto sexual como el que estábamos viviendo, no iba a hacer nada.
-Bueno, si quiere participar, está usted más que invitada. – Añadió antes de soltarla y levantarse.
Se dirigió hacia una especie de armario y, de ahí, sacó una vara. Desde donde me encontraba y lo que podía ver, supuse que se trataba de una vara de ratán. Luego, agarró a la chica del pelo y la arrastró hasta la pared más cercana. Allí la soltó y la hizo colocar sus manos apoyadas en la pared.
-Si te mueves un solo milímetro, te daré otra más. ¿Entendido? – Añadió mientras jugueteaba con la vara entre sus manos.
Ella asintió enérgicamente en vez de contestar como debía, lo que provocó que le azotara el trasero fuertemente.-¿Entendido? – Preguntó de nuevo para que, esta vez, respondiera bien.
-Sí, Amo. –
De nuevo, fue azotada. Obviamente, debido a la fuerza que había usado, le fue imposible no reaccionar. Se retorció brevemente aún haciendo el esfuerzo de no quejarse ni moverse demasiado, sabiendo que, quizá así, su Dueño se compadecería de ella y dejaría de azotarla en algún momento. La verdad es que el juego era muy cruel: ella tenía las de perder ya que él la golpearía con mucha fuerza y ella sería siempre incapaz de no moverse todas las veces. Por ese motivo, la persona que decidiría cuándo se acababa ese juego, era él. No podía negar que, cada vez que azotaba a su sumisa y la veía reaccionar, sentía un pequeño escalofrío. Me sentía especialmente excitada únicamente por ver aquello.
Una vez su sadismo estuvo saciado, golpeó una última vez, con muy poca fuerza: la suficiente como para que fuera doloroso, pero no como para que fuera incapaz de no moverse. Así que pudo aguantar y no reaccionar.
-Buena chica. – Le dijo a pesar de que no fuera realmente un logro conseguido.
Entonces, dejó la vara a un lado y tiro de uno de sus pies, haciendo que cayera al suelo y fuera arrastrada hasta estar boca arriba, delante de mí. De nuevo, el chico se levantó a sacar un par de cosas del armario: un dildo y lubricante. Podía observar los muslos rojizos de la chica y su expresión avergonzada. No debía de estar acostumbrada a ser vista de aquella manera.
El muchacho untó el dildo en lubricante y lo introdujo por su trasero lentamente, con cuidado y sin prisa. Comenzó a moverlo despacio mientras observaba complacido cómo su sumisa se retorcía de placer.
-Así me gusta. Que nuestra invitada vea lo pervertida que eres. – Dijo antes de introducir los dedos de su mano libre en su boca y los movía como hacía con el dildo.
De nuevo, sentí escalofríos solo de verlos. La escena era tan excitante…
Y, de repente, paró. Dejó de mover el dildo y lo soltó, sin llegar a sacarlo. Se levantó y se quitó la camiseta mientras me miraba.
-Me temo, Señora, que esto está llegando a su final. A mí también me apetece ser complacido. – Dijo antes de quitarse los pantalones y quedar completamente desnudo.
-A cuatro, ahí. – Le ordenó a la chica con un tono serio mientras volvía hacia su armario.
Mientras él parecía colocarse algo, la joven se dio la vuelta y caminó a cuatro hacia el lugar donde le había indicado. Por fin, el muchacho apareció con una especie de strap-on que poseía un agujero, por el que había introducido su miembro, y un dildo más debajo de este. No puedo negar que fui incapaz de morder uno de mis dedos al saber cómo iba a usarlo.
Se acercó a su sumisa y se colocó detrás de ella antes de sacar el dildo que llevaba dentro. Introdujo su miembro en su sexo, ignorando el placer que estaba sintiendo ella, hasta que estuvo lo suficientemente lubricado y, seguidamente, decidió hacer uso de ambos: Puso su pene colocado para adentrarse en su trasero y el dildo en su vagina. Y así comenzó a introducirlos a la vez lentamente. Empezó despacio para que su cuerpo se acostumbrara a ello, pero, una vez pasó el tiempo, fue subiendo la velocidad. Cuando estuvo lo suficientemente cómodo, se inclinó ligeramente y tiró de su pelo mientras comenzaba a penetrarla más fuertemente. Los gemidos de la chica se podían escuchar por la habitación mientras se retorcía lo poco que podía en la posición en la que estaba.
-Más te vale no llegar antes que yo, perra. – Amenazó su Dueño.
-No… Amo… – Contestó ella cómo podía entre gemidos mientras recibía todo aquel placer que él estaba permitiendo.
Yo, por otra parte, apreté aún más mis piernas, conteniéndome para no tocarme a pesar de mis deseos de hacerlo, debido a la excitación que sentía de presenciar aquello. Esta experiencia voyeur me estaba dando muchas ideas…

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